Cultura
Cultura como ecosistema: por qué importa la diversidad
Pensar la cultura como un sistema vivo cambia la pregunta: en vez de qué obra financiar, cuáles son las condiciones para que algo pueda nacer.
Del bloque Gestión y ecosistema cultural, con Laura Piris.
En un ecosistema, ninguna especie se sostiene sola. Hay relaciones que no se ven, tiempos que no se aceleran y equilibrios que tardan años en formarse y una temporada en romperse. La metáfora sirve para la cultura porque describe bien algo que las políticas culturales suelen tratar mal: la interdependencia.
Cuando se financia únicamente lo que ya funciona, se obtiene más de lo mismo y mejor hecho. Lo que desaparece es lo otro: lo que todavía no tiene público, lo que se hace en una localidad chica, lo que necesita tres años para estar listo. Y una vez que se pierde ese tejido, no vuelve con una convocatoria.
La lógica extractiva
Un territorio también puede ser tratado como cantera: se extrae el talento, se lo consume en temporada alta y no se deja infraestructura ni continuidad. Al año siguiente hay que volver a buscar, porque nada de lo que se llevó se sembró de nuevo.
La diversidad cultural no es una cuota de representación. Es la condición material para que aparezca lo que todavía no se puede imaginar.
Sostener el ecosistema implica cosas poco vistosas: espacios de ensayo, continuidad presupuestal, formación de públicos, circulación entre localidades. Nada de eso se inaugura con una foto, y es justamente lo que decide si dentro de diez años hay algo que inaugurar.
Este tema se conversó en Atentos, sábados de 8:00 a 11:00 por Milenium FM 88.7.